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La Coctelera

Categoría: Literatura

Poetas Malditos: Un sueño (Edgar Allan Poe)

¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?

 

Versión de Carlos Arturo Torres

 

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Poetas Malditos: El Juglar triste (Horacio Quiroga)

La campana toca a muerto

en las largas avenidas

y las largas avenidas

despiertan cosas de muertos.

De los manzanos del huerto

penden nucas de suicidas,

y hay sangre de las heridas

de un perro que huye del huerto

En el pabellón desierto

están las violas dormidas;

las violas están dormidas

en el pabellón desierto!

Y las violas doloridas

en el pabellón desierto,

donde canta el desacierto

sus victorias más cumplidas,

abren mis viejas heridas,

corno campanas de muerto,

las viejas violas dormidas

en el pabellón desierto.

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Desorden de ansiedad generalizada: Miedo al miedo

Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado. Miedo a vivir demasiado tiempo. Miedo de que el pasado regrese. ¡Miedo a la ansiedad! Miedo a los perfiles psicológicos. Miedo a la confusión. Miedo a despertarme y ver que te has ido. Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.

Fragmento de Miedo de Raymond Carver

 

Cuando las cualidades hereditarias como inteligencia y cualidades físicas son sometidas a conflictos infantiles originados por el medio ambiente como la falta de aceptación, hostilidad, obstáculos al proceso de maduración,… estas dificultades conducen a el desarrollo de mecanismos de defensa rígidos, que más tarde sometidos a situaciones agudas de esfuerzo y tensión, pueden fortalecer o debilitar la capacidad de represión originando una neurosis o psicosis.

Pintura El grito de Edvard Munch

Hay una vulnerabilidad biológica a experimentar la ansiedad. Hay una tensión debida a sucesos negativos. El paciente se esfuerza por liberarse de esa tensión excesiva por medio de una descarga directa de energía psíquica y/o física.

Variedades

  1. Descarga de ansiedad crónica: descarga generalizada de tensión más o menos continua por el período largo.
  2. Ataque de ansiedad: episodio agudo de descarga difusa. Los órganos internos reciben carga mayor (sistema cardiovascular, respiratorio, gastrointestinal).

Sintomatología

  • Reacción de amenaza no discernible
  • Confusión por relaciones desordenadas
  • Taquicardia
  • Náusea
  • Vomito
  • Síntomas gastrointestinales
  • Disnea
  • Desvanecimiento
  • Sensación de debilidad y desequilibrio

Diagnóstico diferencial
La ansiedad puede acompañar a trastornos más graves en su comienzo sin que se trate precisamente de ansiedad generalizada.

Psicodinamia

  • Hay ganancias secundarias y primarias, estas últimas pueden ser reducir la tensión y las secundarias conseguir algo a través de los estados o episodios ansiosos (manipulación).
  • Resultado de debilidad yoica, el Yo se siente amenazado de perder el control y se produce tensión.
  • Los síntomas que se expresan no dan lugar a suprimir el problema solo se externa a través de ellos el sufrimiento.

Pronóstico

  • Si el conflicto es a flor de conciencia puede ser fácilmente resuelto.
  • Cuando el conflicto es inconsciente de tiende a somatizar.
  • Si el conflicto está bajo una fobia organizada y específica el pronóstico es más difícil.
  • Las tendencias agresivas aminoran esperanzas de recuperación.

Tratamiento

  • Fortalecer el Yo que está débil terapia de apoyo)
  • Terapia de emergencia (reducir la ansiedad)
  • Ayudarle a sublimar.
  • Ayudarle a manejar circunstancias ambientales.

 

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Poetas malditos: Tabaquería* (Fernando Pessoa)

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe
quién es
(Y si supiesen, ¿qué sabrían?),

Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
A una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace
blancos los cabellos de los hombres,
Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de
nada.
Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir,

Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la
calle
La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al arrancar.
Estoy hoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
El aprendizaje que me dieron,

Descendí por la ventana trasera de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos.
Pero allí sólo encontré yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.

Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de
pensar?
¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa!

¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber
tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se piensan en sueños genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno,
No habrá sino un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay tantos locos deschavetados con
tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
No están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
Y quién sabe si realizables,
¿Nunca verán la luz del sol real ni hallaran oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón.
He abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que
Cristo.
Hice filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella;

Seré siempre el que no nació para esto,
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie
de una pared sin puerta,

Y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
Y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Que me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
Y lo demás que venga si viene o que tenga que venir, o que no
venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero nos despertamos y él es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, niña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los
chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú
los comes!
Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,
Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)
Pero queda al menos de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico hendido hacia lo Imposible.
Pero al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin motivo, para el decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua con vida,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
Todo eso, sea lo que fuera, lo que sea, si puede inspirar ¡qué
inspire!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco
Me invoco a mí mismo y nada encuentro.

Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan.
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como un condena al destierro,
Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
En cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni
creído
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer
nada de eso);

Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan
la cola
Y que es cola más acá del lagarto que se retuerce.
Hice de mí lo que no supe,
Y lo que pude hacer de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me
perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la arrojé y me vi en el espejo,
Ya había envejecido.

Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la mascara y dormí en el vestidor
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosas que yo hice,
Y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Pisoteando la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete con el que tropieza un borracho
O la esterilla que los gitanos roban y no vale nada.

Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó
en ella.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza torcida
Y con la incomodidad de una alma que mal entiende.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré versos.
Y un día morirá el letrero y también mis versos.
Después morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como nosotros
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de las
cosas como letreros,
Siempre una cosa frente a otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra.
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
misterio de la superficie,

Siempre ésta o aquella cosa o ni una ni la otra cosa.
Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como mi camino,
Y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es la consecuencia de una
indisposición.
Después me reclino en la silla
Y sigo fumando.
Seguiré fumando hasta que el Destino me lo permita.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez sería feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo
del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
Tabaquería sonrió.

*Álvaro de Campos

Fernando Pessoa

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Suave jazz

Vamos a trabajar

El pan de este poema.

Hay que traer un poco de alegría;

que cada quien tome su cesta.

La noche gira sobre la esperanza.

Y desgasta sus párpados la estrella.

Surgen las graves letanías del trigo

por los labios abiertos de la tierra.

La espiga se desnuda sobre el aire

y al agua suelta sus cadenas.

Con un poco de esfuerzo y de ternura.

Vamos a trabajar

el pan de este poema.

 

A.  Gracias corazón... "A, A y S"

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Fragmentos textuales: Infancia. Adolescencia. Jueventud. de León Tolstoi

…en la primera juventud no sabemos amar de otro modo que apasionadamente y, en consecuencia sólo amamos a las personas perfectas. La niebla de la pasión no tarda en despejarse o en ser penetrada involuntariamente por la luz de la razón.

León Tolstoi

Aquí hay algo que a muchos nos cuesta trabajo reconocer y es que cuando se es inmaduro (algunos lo somos toda la vida) se piensa y actúa con las hormonas y sin hacer uso de la materia gris. Es de esperar que todos en algún momento nos hayamos visto envueltos en amores que, si bien es cierto nos hicieron pasarla bien, llega el momento en que los ves a distancia y todo lo bello se les quita. Los empiezas a ver con ojo crítico y de pronto todas las imperfecciones que en un momento no les viste empiezan a emerger. Si alguna vez he tenido que recordar un viejo amor, no es con la típica ternura de decir “ayy tan bonito que eraaaa” no, para nada. Para ser honesta finjo demencia, me habla la virgen y empiezo a rezar y ni quien se quiera acordar de algo tan nefasto… ¿a poco no?

Pero claro hay sus excepciones, los buenos amores que de solo acordarte los revives como si fuera ayer…esos mis respetos y un muy buen recuerdo… aunque para ser franca con el tiempo, terminan igual que los primeros: se les baja del pedestal por la ley del tiempo y la inercia.

Post-Data- El último ejemplo nunca lo he vivido, nomás escribo por escribir.

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Poetas malditos: Fragmentos fantásticos (Miguel Ángel Bustos)

1. Hemos cambiado nuestro destino de dioses por un destino de mercaderes.

2. En medio de ruidos y terrores clama una voz. Llega a mí solo. Es el grito de Espíritu que me posee. Adivino su mensaje. Mi horrorizada lengua sigue su ritmo maldito. ¿Hasta cuándo paredes de mi cráneo? Hasta que sea colmada la eternidad.

3. La única verdad que poseo es mi muerte. La única mentira es mi vida.

4. De la noche vengo. A la noche voy. Un solo relámpago de luz turbia mi cuerpo.

5. Esta espantosa reliquia del dolor: la alucinada memoria.

6. Somounian. Kalebouris. Atail.
Ángeles que pudieron existir.

7. Cuando murió mi padre nació su olvido.

9. Escribe mientras sea posible. escribe cuando sea posible. ama el silencio.

10. en la Región de los Cielos las piedras del sueño van rodando en tus ojos.

11. Abre la puerta, la única puerta. La puerta del Sueño.

12. Mata al pájaro. Guarda el canto.

14. ¿Adónde me conducirá la locura que no sea el corazón de los hombres?

17.  Reza, reza, hasta que se te gaste el Dios.

19. ¡Oh, mapa de tu boca, mar de tu vientre, infierno de tu sexo!

20. Escucho la voz de las estrellas. Ella me dice que el espacio es infinito, que el tiempo es una utopía de nuestra sangre. Que las estrellas que habitan cada átomo de nuestro cuerpo también nos está oyendo. Que el clamor es total y desesperado. Que la muerte es un sueño del cual despertaremos en el reino alucinante.

21. Era un país de mármol con ríos de leche oscura y barcos de oro fino. El muro esmaltado del cielo estallaba en tréboles ardientes. Una luz espesa como sangre llenaba las cosas y las almas.
En cestos de una paja desconocida morían cabezas humanas. Tras el horizonte saltaba un sol blanco herido, gotas de pus y mercurio se convertían en rayos. Alineados como en un bosque talado yacían cuellos de nieve. Un puñal despedía olor a vísceras y espanto.
El verdugo de aquel aquelarre de niños vengativos dormía junto al mar helado con sueño tranquilo.

22. Sobre la hierba bajo la cual respiraba suavemente el dormido, ella amó nuevamente con la misma pureza, con los mismos quejidos de placer y locura. Usó del mismo amor que clavado duraba en la memoria intemporal de aquel que anda en el Reino de los Muertos.

45. Tocan a degüello.
Supongo que nadie, que ningún hijo negará a su madre. Ya sé, ya sé. Darán la
garganta.
Dejaremos sólo en la tierra una cruel vagina entre los zarzales. Del cielo bajará un
cohete de puro aluminio lleno de semen. Sí, señores.
El cielo se hinchará de voces algún tiempo en el tiempo.
Ahora del Infierno, no sé no sé.

46. Es inútil. Mi Bisabuelo me decía TANTI GOMARRA espuria TIMOMO, ESPORATA.
Yo he seguido al pie de la letra estos hermosos consejos.
Pero nadie me ESPORATA. Cuando muera, en una cuerda o un blanco río, dirán S
U U U U U.
Y me iré a los ESPORATAS con la sangre y mi corazón tejido. De qué ¡Oh
TIMOMO TIMOMO! ¡Nadie es bello en este lado del culo mundial! Oh Virgen, oh infiel
con el Sanjosé, pobre judía alucinada por tu vientre hirviente y sapiente! ¡Oh Virgen
bésame, que yo te haré un Dios!
En sobre del raje, del pito y del Espanto Atranco. Harén.

69. ¿Qué seré yo en cien años, sino una bocanada lúgubre entre tablas y olvido? Encantamiento futuro, perdón.

78. Amor, explosión del alma con el pene niño, tibio, sin saber qué hacer, seguro ya del olvido y el polvo del siglo.

82. Bajo la vagina pestilente del Cielo de Cristo, la jauría de los esclavos.

de "Fragmentos Fantásticos"(1965)

Miguel Ángel Bustos

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Fragmentos textuales: Como agua para chocolate de Laura Esquivel

El siguiente es un fragmento de la famosa novela “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel, lo encontré en uno de estos días en que se me ocurrió desempolvar una de mis tantas libretas que tengo arrumbadas. No me había dado cuenta de que en realidad la lectura siempre me ha agradado. No he dejado de escribir, pero hay ocasiones en que la creatividad se esfuma. El siguiente párrafo contiene una de las tantas verdades en las que he creído firmemente durante años y sobre las cuales no he podido hacer uso (refiriéndome a los llamados “detonadores internos” de los que habla la escritora).

 

Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía al alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento.

Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.

Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que solo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es lo único que podría dárselo.

Laura Esquivel

 

Cuando empiece a darme frío y comience a caminar como errante, tal vez es entonces que me de cuenta de que el alma a huido de mi cuerpo, para cuando eso pase, no se por qué,…pero al contrario de lo que dice la autora, creo que seré más feliz de lo que soy ahora...

 

 

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