Aparezco en un lugar extraño, me parece conocido al campo de béisbol de mi antigua secundaria. Estoy sentada a un lado de un hombre, hay más gente platicando en otras mesas y sobre estas hay prendas de vestir, muchas. Los presentes no parecen de mi tiempo, se ven desgastados, pero esa es la apariencia que les da sus ropas, yo me veo igual, la época parece distinta, quizás sea en el medievo. Comienzo a ver una especie de abrigo o suéter que el hombre a mi lado me muestra, me gusta, tiene un acabo en hilo verde y violeta, estoy emocionada, pero de pronto a mi derecha y a lo alto de un madero veo a un niño como de un tres años que está a punto de ser colgado, es de tez blanca, sus piernas están desnudas y su cabello es oscuro, sus ojos son claros y se ve muy tranquilo. A este niño van a sacrificarlo junto con cuatro bebés, hay dos a su derecha y dos a su izquierda. Me sorprende lo que veo y le pregunto al hombre qué está pasando, me dice que ‘eso’ es parte de lo que sucede: ropa como regalo a cambio de ser testigo de la muerte de esos niños. Escucho a los bebés llorando, no sé como, pero tengo la sensación de que el niño de tres años será ahorcado primero, aun así veo a los bebés pendiendo de un cordón, lloran, me aterro, suelto el suéter y salgo corriendo, comienzo a llorar y ese nudo en la garganta me despierta.